Descartes según J.L. Borges

Descartes

Soy el único hombre en la tierra y acaso no haya tierra ni hombre
Acaso un dios me engaña.
Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión.
Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna.
He soñado la tarde y la mañana del primer día.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron Cartago.
He soñado a Lucano.
He soñado la colina del Gólgota y las cruces de Roma.
He soñado la geometría.
He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen.
He soñado el amarillo, el azul y el rojo.
He soñado mi enfermiza niñez.
He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo al alba.
He soñado el inconcebible dolor.
He soñado mi espada.
He soñado a Elisabeth de Bohemia.
He soñado la duda y la certidumbre.
He soñado el día de ayer.
Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.
Acaso sueño haber soñado.
Siento un poco de frío, un poco de miedo.
Sobre el Danubio está la noche.
Seguiré soñando a Descartes y a la fe de sus padres.

Jorge Luis Borges. La cifra, 1981


Prescindiremos de cualquier análisis literario o creativo que pudiéramos hacer acerca de este texto de Borges que ocasionalmente podría confundirse con Descartes o quizá Descartes con el propio Borges. Como de lo que se trata es de que hagamos un comentario pretendidamente filosófico acerca de un texto literario, analizaremos este bellísimo poema de Borges prescindiendo que es de Borges y que es un bellísimo poema. El texto, titulado Descartes, está publicado en el libro La cifra que recoge cuarenta y cinco composiciones escritas entre 1978 y 1981 y en cuyo prólogo Borges señala: “Mi suerte es lo que suele denominarse poesía intelectual. La palabra es casi un oximoron; el intelecto (la vigilia) piensa por medio de abstracciones, la poesía (el sueño), por medio de imágenes, de mitos o de fábulas. La poesía intelectual debe entretejer gratamente esos dos procesos”

El texto presenta, desde un punto de vista estrictamente formal, dos líneas fundamentales acerca de Descartes: su vida y su pensamiento. Comenzaremos por señalar los datos fundamentales acerca de su vida que aparecen reflejados en el texto. René Descartes, primer filósofo moderno y padre del racionalismo, nació el 31 de marzo de 1596 en La Haye, (hoy en día, Descartes, en merecido honor) siendo el tercer hijo del jurista Joachim Descartes, noble de toga, y de Jeanne Brochard. Algunos responsabilizan a su madre, muerta un año después del nacimiento de Descartes, de la delicada salud de éste, tal como refleja el poema en su línea 12 (“He soñado mi enfermiza niñez”), lo que le permitirá licencias en su estancia en el colegio jesuita de La Flèche y costumbres que perdurarán toda su vida (El pobre Descartes todavía no sabe que la reina de Suecia le obligará a impartir sus lecciones a las cinco de la mañana, en un clima tremendamente inhóspito; él, acostumbrado a permanecer y trabajar en la cama hasta bien entrada la mañana). Tremendamente decepcionado de los estudios realizados, decide aprender de un modo completamente diferente y, aunque aún faltan muchos siglos para que alguien se convierta en “filósofo errante”, decide aprender en el gran libro del mundo, viajando. Se alistó en el ejército del príncipe Mauricio de Nassau, más con el propósito de estudiar matemáticas que de ejercitarse con la espada (“He soñado mi espada”). En 1619 se unió al ejército de Maximiliano de Baviera, con el que estuvo en Neuberg, junto al Danubio, que debía parecerle frío al friolero Descartes (Siento un poco de frío, un poco de miedo. Sobre el Danubio está la noche“) Razones tenía para ello ya que estuvieron inmovilizados por la nieve. Este es también el año de los tres sueños consecutivos de Descartes, que más que sueños que le persuadieran de que su misión era la búsqueda de la verdad mediante el uso de la razón, parecen justificaciones ante el temor de una posible condena o persecución. Los servicios militares le llevan a Bohemia, Hungria, Silesia, Alemania y Holanda. En 1628 se bate en duelo por una mujer (“He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo al alba”) y se traslada a Holanda para poder trabajar en paz o quizá pensar con libertad. En 1643 conoce a Elisabeth de Bohemia con quien mantendrá correspondencia (“He soñado a Elisabeth de Bohemia). En 1649 es invitado por la reina Cristina de Suecia que deseaba ser instruida en la filosofía de Descartes. Al margen de algunas suposiciones de que Descartes podría haber sido envenenado con arsénico, la inmensa mayoría coincide que lo que mató a Descartes, acostumbrado a pasar mucho tiempo en la cama, fue la costumbre de la reina de que Descartes acudiera a su biblioteca a las cinco de la mañana. El frío habría podido con la salud frágil de Descartes que murió el 11 de febrero de 1650, víctima de una neumonía.

La filosofía de Descartes tiene su punto de partida en el desengaño que provocan en él los estudios realizados del que sólo se salvan las matemáticas. Reconoce haber aceptado como verdaderas cosas que después descubre como falsas. Por ello, y aunque la necesidad de un método seguro para la filosofía no es inaugurado por Descartes, sí es el que lo convierte en una auténtica obsesión. Obsesionado por el método Descartes busca la certeza, no aceptará como verdadero absolutamente nada que no se presente con evidencia, con certeza, con claridad y distinción. Sólo admitirá como verdadero aquello en que la duda sea imposible. O dicho de otro modo, no admitirá como verdadero aquello que admita la más mínima duda, por infundada que pueda parecer dicha duda. (“He soñado la duda y la certidumbre”). Estamos ante la llamada duda metódica, la duda no escéptica sino como instrumento para descubrir alguna verdad -si es que la hay. Para ello cuenta con dos operaciones de la mente: la intuición y la deducción. Fiel a su método y a sus reglas, Descartes comienza dudando, estableciendo los motivos y razones para la duda:

1º. Los sentidos. Queda claro para Descartes que los sentidos nos engañan en ocasiones y que no debe fiarse uno de quien le engaña.

2º La realidad externa, el mundo exterior. Se nos presenta, aparentemente, como real, se nos impone. Pero Descartes repara en que cuando soñamos, los sueños se imponen también de la misma manera. Y sin embargo, al despertar, nos damos cuenta de que todo fue un sueño. Sobre esta hipótesis compartida por la literatura del XVII (La vida es sueño de Calderón de la Barca o El gran teatro del mundo de Shakespeare) se vertebra este poema. (“He soñado la luna (…)He soñado la tarde y la mañana del primer día. He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron Cartago. He soñado a Lucano. He soñado la colina del Gólgota y las cruces de Roma (…)He soñado mi enfermiza niñez. He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo al alba. He soñado el inconcebible dolor. He soñado mi espada. He soñado a Elisabeth de Bohemia. (..) He soñado el día de ayer)

3º Los razonamientos matemáticos (¡!) Introduce Descartes la hipótesis de un deus receptor (“Acaso un dios me engaña. Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión”) que parece podría hacerle dudar de lo que inicialmente no admitiría duda, los razonamientos matemáticos (“He soñado la geometría. He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen”)

4º Del sujeto que realiza los razonamientos, a tenor de lo que ya ha señalado, tampoco superaría su riguroso criterio de certeza (“sueño mis ojos que perciben la luna”,”Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido”, “Acaso sueño haber soñado”)

¿Hay algo que resista todos los envites de la duda? Descartes encuentra su primera evidencia, su primera intuición, la primera verdad clara y distinta en su famosísima expresión “cogito ergo sum”, ¿qué soy? una cosa que piensa, lo que no garantiza que exista el contenido del pensamiento (“Soy el único hombre en la tierra y acaso no haya tierra ni hombre”) Pienso que soy el único hombre en la tierra, pero lo único cierto es el pensamiento y eso no garantiza que haya hombre ni que haya tierra. Estamos ante el celebérrimo solipsismo de Descartes. Algunos piensan que el ejercicio de coherencia del método cartesiano tendría que acabar aquí. Establece la existencia de una verdad, de una única verdad, que le conduce a la soledad más radical (“Siento un poco de frío, un poco de miedo”) El poema de Borges termina, a mi juicio, en este punto. Descartes no lo hace. Para demostrar la existencia de algo más que mi pensamiento Descartes necesitará eliminar la hipótesis de un dios engañador. Con la demostración de la existencia de Dios, recuperará las matemáticas. A partir de los contenidos del cógito establece la existencia de ideas innatas, adventicias y facticias a partir de la realidad objetiva ya que en cuanto actos mentales todas son iguales. Al final de este proceso la realidad queda estructurada en tres substancias (res) que existen de tal modo que no necesitan de ninguna otra cosa para existir: infinita, pensante y extensa. La res extensa queda definida por sus cualidades primarias (“He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen”) que no por las secundarias (“He soñado el amarillo, el azul y el rojo”). De su definición de substancia derivará el archiconocido problema de la comunicación de las substancias.

5 comentarios to “Descartes según J.L. Borges”

  1. johnson centeno Says:

    Holaaaaa….. genialidad como pocas, cuando dice “Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido. Acaso sueño haber soñado”, tal vez duermo sin haber nacido…

  2. Josean Figueroa Says:

    La ficción decartesiana de la duda es un ejercisio intelectual productivo, en pero, es falso que solo la existencia del Yo pensante es indubitable: No se puede dudar de la realidad de la experiencia perceptual, solo de su comportamiento mecánico. Es decir, si veo el fantasma de mi abuela difunta, es real que vi el fantasma de mi abuela difunta, lo que cabe a duda es si ese fantasma es una alucinación o el espíritu de un muerto. En ambos casos la percepción es real e indubitable, solo varía el mecanismo envuelto.

    • honorina Says:

      Descartes no puede garantizar que a la idea le corresponda una realidad extramental ni que, en cualquier caso, sea semejante la idea a la realidad que pretende representar. Siguiendo su ejemplo, el que tenga la idea del fantasma de su abuela difunta no significa que se corresponda con la realidad ni que, en caso de que existiese esa realidad, la idea sea semejante a esa supuesta realidad. Puesto que Descartes ha puesto en duda -siguiendo su criterio de certeza- la realidad exterior, y siendo lo único indubitable el pensamiento, no puede dudar de sus ideas pero nada garantiza que a éstas le corresponda una realidad extramental o que esa realidad extramental -en caso de que existiese- fuese semejante en todo a esa idea.

  3. carmen novoa Says:

    s imposible encontrar los poemas de Descartes leo solo fraces porque?

  4. santiago m Says:

    buenísima cada una de las relaciones del poema y Descartes,vida y obra..principalmente con el discurso y las meditaciones…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: