TEMA 2. LOS SOFISTAS Y SÓCRATES

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LOS SOFISTAS Y SÓCRATES

INTRODUCCIÓN

Como hemos visto en el tema anterior, los primeros filósofos y las primeras escuelas filosóficas griegas intentan ofrecer modelos explicativos de la realidad. Su preocupación es conocer y estudiar la naturaleza de las cosas; de ahí el nombre de físicos y de la denominación de período cosmológico.

Los filósofos de esta nueva época se dan cuenta que las especulacines  de los presocráticos no ha conducido a una visión unitaria del mundo. Además, en este momento histórico, los problemas proceden no tanto del universo como de la realidad humana. Lo que les preocupa  son los problemas del hombre, sobre el hombre, desde una validez práctica y desde la eficacia para la vida diaria del ciudadano.

Inician una temática que podría denominarse filosofía moral y política, recogiendo las preocupaciones que los propios ciudadanos atenienses manifiestan en la plaza pública.

Su aportación fundamental está en haber iniciado una reflexión sobre las estructuras políticas y jurídicas de la sociedad griega y sobre los comportamientos morales del ciudadano.

I. CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICO-POLÍTICAS

Los sofistas constituyen un movimiento filosófico que se desarrolla en Atenas en la segunda mitad del siglo V a.C.

Atenas

 

El término sofista no se utilizaba para distinguir ninguna escuela filosófica en especial, sino que tenía el significado de ‘sabio’ (sophós), persona que destacaba en cualquier saber, fuese práctico o teórico. Se aplicaba en un sentido genérico.

Ahora tiene un sentido específico:  maestros del saber (sophistés) que se dedican a enseñar cobrando como quien ejerce cualquier otro oficio.

La labor de estos pensadores está dirigida a satisfacer la demanda de los ciudadanos atenienses, muy interesados en participar en la vida política de la Ciudad-Estado .

La aparición de este oficio obedece a las circunstancias históricas del momento.

*Esplendor de Atenas*

Atenas  vive su momento de  máximo esplendor:  el siglo de Pericles. Pericles fue un genial estratega, reformador radical de la democracia y gran mecenas ateniense, muerto en el 429 a.C. como consecuencia de la peste.

Habían concluido las Guerras Médicas con clara victoria de Atenas (la mayoría de las pólis griegas se habían unido contra los persas, liderados por Atenas). Este éxito, a pesar de la desproporción entre los medios con que contaban los griegos frente los persas, crea en los atenienses un fuerte sentido nacionalista: si han vencido a los persas, se debe al favor de los dioses y a la superior areté de Atenas. Según la mentalidad griega y sus ideales humanos (recuérdese el tema de la introducción), el triunfo es señal de virtud, de excelencia. Triunfa quien se lo merece y goza del favor de los dioses. El triunfo de Atenas significa que su organización es mejor y que su causa es justa porque ha merecido el apoyo de los dioses.

El secreto de este éxito está en que todos los ciudadanos han colaborado en la guerra, haciendo posible el triunfo sobre el régimen de tiranía de los persas.

*Cambios sociales*

Si la participación de todos ha hecho posible la victoria y ha tenido tan buenos resultados ¿por qué no aplicarla en la paz? Todos reclamarán, ahora, la participación en el gobierno de la ciudad.

La herencia no será ya lo que da  derecho a participar en la vida pública.

Areópago ateniense

Aparece la democracia radical de Pericles: todos los ciudadanos participan o pueden participar activamente en la vida pública. (Recuérdese que no todos son ciudadanos: exclúyanse mujeres, niños, esclavos y metecos). Pero cualquiera que quiera tener importancia en esa vida pública, tendrá que prepararse: tendrá que hablar bien para hacerse entender y convencer de sus ideas y tendrá que conocer las leyes de la ciudad. La batalla se libra ahora en el ágora ,  en las asambleas, en la plaza pública, en los tribunales: ahí es donde se discuten las leyes que convienen a la mayoría, se ven los intereses privados o de grupo que pueden esconderse tras los discursos y las leyes . Prepararse será, sobre todo, conocer las armas de la oratoria. Pericles lo dice de forma rotunda y clara: “El que sabe y no se explica claramente es como si no pensara”.  Los ciudadanos atenienses necesitan formación en la oratoria y la elocuencia.

*Los nuevos filósofos*

Los filósofos anteriores, apartados del mundanal ruido, se dedicaron a la especulación, a la teoría. Dicho sea de paso, sus teorías no interesaban a muchos. Pero los sofistas  aparecen como  hombres capaces de prevalecer sobre el contrario gracias a su ciencia, a su arte de la oratoria y del discurso.  El saber se convierte en fuerza social: es importante saber para convencer de las propias opiniones. No es ahora un saber teórico sino con una finalidad práctica clarísima: dominando la retórica y la erística se saldrá triunfante de las intervenciones y disputas públicas.

¿Cómo no iban a ser solicitados estos nuevos filósofos a pesar del escándalo que supone pagar por sus enseñanzas? Como los ciudadanos pagaban, parece que los sofistas también enseñaban a convencer al contrario, aunque la estructura del argumento no fuera muy firme. Dicho de modo menos sutil, se prestaron a engañar. Posiblemente de ahí derive el exquisito trato que les da Platón: “codicioso, a la  caza de jóvenes ricos, comerciante y mercachifle de mercancías intelectuales, de cuyo valor o futilidad él no tiene ni la más mínima idea”. Platón no fue el único, de ellos dijo Jenofonte “gente que, como rufianes, venden por dinero la sabiduría a cualquiera. Hablan para engañar, escriben sólo por afán de lucro y no aportan beneficio alguno”. También de aquí deriva la denominación peyorativa de sofisma a una argumentación que se reviste de apariencia lógica y de verdad, a pesar de que encierra una falsedad expresamente buscada por quien lo formula para confundir al contrario. (¿Os acordáis del año pasado cuando vimos las falacias?)

*Crisis de ideas y valores*

La crítica a los valores fundamentales de la sociedad ateniense y el encuentro con otras culturas, defendida por los sofistas, trae una crisis de ideas y valores. Los sofistas, considerados como el  movimiento ilustrado de la época, acentúan sus rasgos más negativos a partir de las guerras del Peloponeso en las que Atenas disputa contra Esparta, ciudad-estado de tipo totalitario, la hegemonía del mundo griego. La guerra concluye el 406 a.C. con la derrota de Atenas y la implantación de un gobierno proespartano conocido cono el de “Los Treinta” (A ellos volvermos con Platón). Tres años más tarde, el ejército restablecerá de nuevo la democracia bajo la que será condenado Sócrates (De ello hablaremos largamente).

II. CARACTERES DEL MOVIMIENTO SOFISTA

1.    EXPONENTE DE LA NUEVA SITUACIÓN

Las circunstancias histórico-políticas que vive Atenas favorecen la presencia de los sofistas en la vida pública. Su labor no es otra que la de ocuparse de las cuestiones que preocupan a los ciudadanos. Ellos se ofrecen como maestros de cultura y de virtud.

Los sofistas son la traducción al pensamiento del proceso de cambio al que se encuentra sometida la sociedad ateniense: se limitaron a proporcionar a sus conciudadanos los medios y las artes para lograr sus aspiraciones.

Formularon un nuevo pensamiento racional sobre el que fundamentar una democracia que, hasta entonces, se fundamentaba en leyes casi religiosas y que era administrada por las grandes familias aristocráticas. La crítica de los sofistas va a descubrir que las bases no eran tan claras ni tan seguras como los griegos pensaban.

Si ahora no es la herencia lo que da derecho a participar, ni las leyes tienen origen divino, es preciso formar a individuos capaces de lograr el gobierno de la ciudad por sus dotes de persuasión y leyes que se justifiquen por ser convenientes para la ciudad.

2. CONVENCIONALISMO (NOMOS) FRENTE A NATURALEZA (PHYSIS)

NATURALEZA (FISIS) CONVENCIÓN (NOMOS)
LEY NATURAL (la ley de la gravedad) LEY HUMANA(ley de educación)
UNIVERSAL PARTICULAR
NECESARIA ACOMODATICIA
INMUTABLE, FIJA CAMBIANTE

Cuando hemos elaborado este cuadro no nos ha costado prácticamente nada establecer como las leyes de la naturaleza (sea la de la gravedad u otra) tienen caracter universal, necesario, fijo e inmutable. Si lo que analizamos es cualquier ley humana descubriremos que es particular (en todos los países no tienen nuestras leyes) es acomodaticia (se adapta a las necesidades actuales) y es cambiante (véase cuántas veces hemos cambiado la ley de educación). Si a nosotros no nos ha costado mucho, a los sofistas, esos maestros del saber, tampoco les costaría demasiado.

La novedad de los sofistas radica en hacer ver a los atenienses que muchas de las leyes que ellos tenían como fijas e inamovibles (la Constitución tenía poco menos que carácter sagrado, leyes de la ciudad, etc…) no eran más que construcciones humanas, convencionales, variables y acomodaticias. Los sofistas habían viajado mucho y conocían muchas constituciones y muchas leyes. La naturaleza genera leyes naturales, pero las humanas son fruto de factores históricos y de intereses de grupo. Y por supuesto, se pueden modificar y cambiar. Por lo tanto, las leyes y las normas humanas no tienen carácter fijo y universal; su aceptación procederá única y exclusivamente del acuerdo. Si no hay una ley general, cualquiera (o al menos unas cuantas) puede establecerse. Esto nos lleva a la siguiente característica.

3. RELATIVISMO Y ESCEPTICISMO

Comenzaremos definiendo, de forma general, los dos términos.

RELATIVISMO. Por relativismo puede entenderse:

  1. Una tesis epistemológica según la cual no hay verdades absolutas; todas las llamadas “verdades” son relativas, de modo que la verdad o validez de una proposición o de un juicio dependen de las circunstancias o condiciones en que son formulados.
  2. Una tesis ética según la cual no se puede decir de nada que es bueno o malo absolutamente. La bondad o maldad de algo dependen asimismo de circunstancias, condiciones o momentos.

Tanto (1) como (2) pueden entenderse de dos maneras:

A) De un modo radical se afirma que nada es verdadero (ni falso) y nada es bueno (ni malo); los predicados ´verdadero´, ´falso´, ´bueno´y ´malo´deben dejar de utilizarse.

B) De forma moderada se afirma que como los juicios o proposiciones acompañadas de predicados del tipo ´es verdadero´, ´es falso´, ´es bueno´o ´es malo´se refieren  a determinadas condiciones, situaciones, circunstancias , momentos, etc., la especificación de estas circunstancias, condiciones, situaciones, momentos, etc, permite admitir dicho tipo de juicios. Así, no se podrá decir  que p es (absolutamente) verdadero, pero sí que p es verdadero (y lo es absoltamente) si se especifican las circunstancias, condiciones, situaciones o momentos.

ESCEPTICISMO. Procede del griego skeptomai que significa “mirar cuidadosamente“, “vigilar”, “examinar atentamente”. Escéptico será “el que mira o examina atentamente” y escepticismo la tendencia a mirar ciudadosamente antes de pronunciarse sobre algo o tomar una decisión. El fundamento de la actitud escéptica es la cautela, la prevención.

Como doctrina filosófica tiene dos aspectos:

  1. Teórico: doctrina del conocimiento según la cual no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse nunca ninguna opinión absolutamente segura.
  2. Práctico: Actitud de quien se niega a adherirse a ninguna opinión,  y a suspender el juicio. El escéptico acepta una única decisión: abstenerse de toda decisión. Se instala en la duda y encuentra en esa duda la paz interior.

El relativismo de los sofistas está perfectamente expresado en una de las frases más famosas de la filosofía, pronunciada por Protágoras:

“El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son, en tanto que son; de las que no son, en tanto que no son”

VERDAD →VALIDEZ

Ya vimos al comienzo del tema como los sofistas, en contraposición con los filósofos presocráticos, se ocupaban más de las cuestiones prácticas que de las especulativas o teóricas. No se van a preguntar por el ser de las cosas sino por las cosas tal y como aparecen en la realidad concreta en que se dan. Por esa razón desaparece la noción de verdad entendida como desvelamiento: las cosas son como aparecen. El concepto de verdad es sustituido por el de validez de la misma manera que el concepto ley universal fue sustituido por convención.

Sostienen un relativismo epistemológico (no existe una verdad absoluta, no se puede fundamentar el conocimiento, todas las opiniones son válidas) y un relativismo ético y político  (no hay ningún fundamento que determine que unas leyes, instituciones, costumbres o normas sean mejores que otras. Cada pueblo tendrá unas diferentes atendiendo a sus circunstancias concretas).

El relativismo inicial de los sofistas se va agudizando y termina en un claro escepticismo que queda perfectamente reflejado  en las famosas (pero difíciles de entender) tesis de Gorgias:

  1. No existe realidad alguna;nada es
  2. Si algo existiera, sería incognoscible, no lo conoceríamos
  3. Si algo fuera cognoscible,si pudieramos conocer algo, sería incomunicable, no podríamos comunicárselo a los demás

III. LA SUPERACIÓN DE LA SOFÍSTICA: SÓCRATES

…ESE TIPO TAN RARO LLAMADO SÓCRATES

Un filósofo moderno que jamás haya experimentado el sentimiento de ser un charlatán dará muestra de tener una mentalidad tan roma que, probablemente, su obra no sea digna de lectura.

Durante siglos la filosofía ha declarado su legitimidad formulando y respondiendo preguntas heredadas del legado socrático y presocrático: cómo distinguir lo real de lo irreal, lo verdadero de lo falso, el bien del mal. Hay un hombre con quien todo filósofo europeo se identifica, aun cuando rechace sus ideas en su conjunto, y éste es Sócrates; un filósofo incapaz de identificarse con esta figura arquetípica no pertenece a esta civilización”

Leszek Kolakowski. Horror metaphysicus


”Sócrates pertenecía, por su ascendencia, a lo más bajo del pueblo: Sócrates era plebe. Se sabe, incluso se ve todavía, qué feo era. Mas la fealdad, en sí una objeción, es entre los griegos casi una refutación. ¿Era Sócrates realmente griego? Con bastante frecuencia la fealdad es expresión de una evolución cruzada, estorbada por el cruce. En otros casos aparece como una evolución descendente. Los antropólogos entre los criminalistas nos dicen que el criminal típico es feo: monstrum in fronte, monstrum in animo. Pero el criminal es un decadente. ¿Era Sócrates un criminal típico. –Al menos no estaría en contradicción con esto aquel famoso juicio de un fisonomista, que tan chocante pareció a los amigos de Sócrates. Un extranjero que entendía de rostros, pasando por Atenas, le dijo a Sócrates a la cara que era un mostruo, -que escondía en su interior todos los vicios y apetitos malos. Y Sócrates se limitó a responder: “Usted me conoce, señor mío”

Friedich Nietzsche. El crepúsculo de los ídolos

Si es cierto lo que nos cuenta Platón en su Apología, Sócrates tenía unos 70 años o alguno más cuando fue condenado a muerte en el 399 a.C. ; por lo tanto, Sócrates debió nacer hacia el año 470 a. C. en Atenas. Su padre, Sofronisco, parece que fue picapedrero fino o escultor según algunos; su madre, Fenaretes, comadrona (“excelente y tremenda partera” se lee en el Teeteto). Pertenecería a un grupo social poco distinguido, pero en auge frente a la decadencia de la aristocracia ateniense. No obstante, su familia no fue muy pobre porque Sócrates presta servicios en el ejército como hoplita (soldado de infantería) lo que exige cierto patrimonio.

Partenón. Atenas

Los primeros años de la vida de Sócrates coinciden con la época de esplendor de Atenas: Sócrates vio como se comenzaron y terminaron las grandes edificaciones de la era de Pericles.

Además de hoplita fue miembro de un jurado y senador. Carecemos de datos de él hasta los cincuenta años y desconocemos su oficio; tenía mucho interés por muchas materias y era aficionado a la lira y a la danza.

Se casó con Jantipa, cuyo carácter no debía ser muy agradable (“arpía”), posiblemente durante los primeros años de la guerra del Peloponeso (en la que se distinguió por su valor) y tuvo tres hijos.

Era de una robustez considerable y tenía una gran capacidad de resistencia: llevaba el mismo vestido en verano e invierno, caminaba con los pies desnudos (incluso en campañas invernales), austero y sobrio en la comida hasta el punto de atribuir a esto que no contrajera la peste de Atenas del año 429 a.C. Parece que también era poco agraciado, por no decir, simplemente, que era feo (véase el texto de Nietzsche, Alcibíades lo presenta como algo parecido a un sátiro o un Sileno en el Banquete de Platón y Aristófanes decía que se pavoneaba como una gallineta y ridiculizaba su costumbre de girar los ojos en todas direcciones, tal y como aparece en Nubes).

Conversador empedernido que desconcierta a los interlocutores con su ironía hasta hacerles exclamar que nunca saben si habla en broma o en serio.

Controvertido y crítico (tábano de Atenas) tiene problemas con el gobierno de los demócratas (ineptos y demagogos) y con los aristócratas (corruptos). A pesar de ello, acepta el nomos de su ciudad, hasta el punto de acatar la sentencia que lo condena a muerte.

En el 406 a. C. rechazó que ocho generales fueran juzgados a la vez por ser ilegal y porque lo que se pretendía era una pena más dura. Su valor moral lo volvió a demostrar en el 404 a.C. cuando no quiso tomar parte en el arresto de León de Salamina, a quien los Treinta trataban de condenar a muerte para confiscar sus propiedades. Posiblemente Sócrates hubiese pagado con su vida esta negativa si no hubiesen caído los Treinta. Restaurada  la democracia, Sócrates fue llevado a juicio por Ánito (poderoso demócrata que actuaba desde el trasfondo) y por Meleto. Esta es la acusación:

Meleto, hijo de Meleto, del demo de Pithos contra Sócrates, hijo de Soronisco de Alópece: Sócrates comete delito por no reconocer [o bien, no creer en]  los dioses que reconoce la ciudad y por introducir nuevas divinidades (asebeia, impiedad). También comete delito por  corromper a los jóvenes. Se solicita la pena de muerte.”

El primero de los cargos nunca fue definido explícitamente y el segundo, el de corromper a la juventud, era en realidad la acusación de fomentar entre los jóvenes un espíritu de crítica con respecto a la democracia ateniense, pesando sobre todo Alcibíades y Critias.

Los acusadores suponían que Sócrates marcharía voluntariamente al destierro sin esperar a ser procesado, pero no lo hizo así. Sorpresas te da la vida. Se quedó para el proceso y se defendió a sí mismo ante el tribunal. Sócrates podía haber sacado partido de sus años en el ejército, de su alejamiento de Crítias en la época de la oligarquía, pero se limitó a exponer los hechos, asociándolos a su desconfianza de la democracia en el asunto de los generales. Fue condenado a muerte por una mayoría de sesenta votos de un jurado compuesto por 500. Dependía ahora de Sócrates proponer la conmutación de la pena de muerte por otra, generalmente el destierro, cambio que habría sido aceptado sin ninguna duda. La vida te sigue dando sorpresas y  Sócrates propuso una “recompensa” digna de él: alimentarle gratis en el Pritaneo (edificio donde se reunían y eran mantenidos a costa del Estado los cincuenta senadores de Atenas). Después de semejante ironía, parece que consintió en proponer una pequeña multa, pero sin tratar de influir al jurado, como era costumbre con la mujer y los hijos llorosos. Al jurado le irritó el comportamiento de Sócrates, por lo que 80 miembros más que en la votación anterior lo sentenciaron a muerte. Ahora sí, todos están sorprendidos.

"La muerte de Sócrates" de Jacques-Louis David

Sus seguidores pretendieron inútilmente que abandonase la ciudad. Después de todo ¿cómo te va a dar estas sorpresas la vida?.  Sócrates se negó, afirmando que tal proceder era contrario a sus principios, renunciar a lo que siempre había defendido. Cuarenta días más tarde bebía la cicuta rodeado de su familia y amigos con un discurso sobre la inmortalidad del alma que recoge Platón en el Fedón. Parece que sus últimas palabras, último rasgo de su ironía, fueron “Critón, le debemos un gallo a Asclepio; págaselo, pues, no lo descuides”. ¡Aja, vaya ironía!

La dignidad con que asumió su condena a muerte y el hecho de ser el primer filósofo que murió por la justicia han convertido a Sócrates en un personaje de leyenda, en el prototipo de filósofo. El hombre más sabio de toda Grecia, dicho nada más que por el Oráculo de Delfos, cuya frase más conocida es “sólo sé que no sé nada”. Sólo sabios como Sócrates reconocen su ignorancia.

1. UN SOFISTA MUY PARTICULAR

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2. EL PROBLEMA DE LAS FUENTES

Decíamos antes que Sócrates se ha convertido en un personaje de leyenda, en arquetipo de filósofo, en ideal de honestidad y valor moral… pero no por lo que nos ha dejado escrito, ya que Sócrates no escribió nada. El problema que tenemos es que hay que acudir a lo que otros dijeron para saber acerca de Sócrates. Las fuentes principales de documentación son:

  1. ARISTÓFANES. Poeta y comediógrafo ateniense. Único que escribe de Sócrates cuando aún vive. Ya hemos mencionado que en Las Nubes aparece caricaturizado y como blanco de burlas de las que, además, sería presa fácil dada su belleza y sus costumbres un tanto atípicas. Aparece por las calles inquietando a cualquiera que allí pase con cuestiones extrañas. Aparece como un sofista más, aunque  no cobra por sus enseñanzas y no elije auditorio. ¡Qué gracioso Aristófanes! Ahh..también persigue jovencitos.
  2. JENOFONTE. Historiador que conoce a Sócrates dos años antes de su condena y que no presencia ni el juicio ni su  muerte. Dedica una obra para defenderlo de la acusación de asebeia. Aparece como el sabio interesado incansablemente en la virtud como máximo saber.
  3. PLATÓN. Sócrates aparece como el personaje principal de sus diálogos, atractivo, lúcido, lleno de cualidades, dotado de una fina ironía y de absoluto dominio intelectual y moral. Es un Sócrates idealizado que responde a la intención de Platón de rehabilitar su memoria. A pesar de la idealización, es la mayor y más fiable fuente informativa.

3. LA ÉTICA, TAREA FUNDAMENTAL

“Lejos de disertar como tantos otros sobre cuanto afecta a la naturaleza, lejos de buscar el origen de lo que “los sabios” (sophós) llaman el mundo, o las causas necesarias que han dado nacimiento a los cuerpos celestes, demostraba la locura de quienes se entregaban a semejantes especulaciones. Es más, examinaba si se ocupaban de tales cosas persuadidos de haber agotado los conocimientos humanos, y si creían prudente descuidar lo que está al alcance de los hombres para meterse a profundizar los secretos de los cielos.

Siempre le sorprendía que no viesen que le es imposible al hombre penetrar estos misterios, visto que quienes se alababan de más enterados entre ellos, lejos de ponerse de acuerdo, parecían estar locos (…) En sus inquietas averiguaciones sobre la naturaleza, unos se figuran que no existe sino una substancia; otros, que hay sustancias infinitas; éste, que todo está en movimiento perpetuo; aquél, que nada se mueve; para unos, todo nace y perece; para otros, nada se engendra y nada se destruye.

En cuanto a él, entreteniéndose sin cesar con aquello que está al alcance del hombre, examinaba lo que es piadoso y lo que es impío, lo que es honrado y lo que es vergonzoso, lo que es justo y, por el contrario, injusto; en qué consiste la sabiduría y en qué la locura, el valor y la pusilanimidad; lo que es el Estado y un hombre de Estado; qué es el gobierno y cómo se manejan sus riendas. En fin, discurría a propósito de todos los conocimientos que vuelven al hombre virtuoso, y sin los cuales pensaba que realmente se merecía el nombre de esclavo”

Jenofonte. Recuerdos socráticos

Parece (otra vez) que inicialmente se interesó por temas de física, pero su vida se convierte en una investigación acerca del ser humano. Centró sus investigaciones en cuestiones éticas, en investigar al hombre desde su interior, haciendo suya la frase “Conócete a ti mismo”. Recordemos que el tiempo que comparte Sócrates es el mismo de los sofistas y, evidentemente, las preocupaciones muy parecidas, aunque las soluciones sean muy distintas.

4. EL INTELECTUALISMO MORAL

4.1. REACCIÓN CONTRA LOS SOFISTAS

Hemos visto como los sofistas defendían el relativismo. La oposición entre nomos y physis insistía en la diversidad de criterios y normas morales: cada comunidad y cultura entiende de modo distinto qué es lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Protágoras extiende el relativismo a todos los ámbitos de la experiencia humana (“el hombre es la medida de todas las cosas”) y Gorgias prolongó el relativismo hasta el escepticismo radical.  Sócrates rechazó estos supuestos porque pensaba que su afirmación impide el entendimiento entre los hombres: ¿cómo establecer en una asamblea qué es la justicia, por ejemplo, si cada uno entiende por justicia una cosa distinta? Que no haya acuerdo no quiere decir que éste sea imposible: habrá que esforzarse y dialogar para lograrlo.

4.2. BÚSQUEDA DE LOS CONCEPTOS, DE LA DEFINICIÓN

Hay que dialogar y esforzarse no sólo por llegar a un acuerdo de lo que es justo sino también de lo que es realmente la justicia. Y lo mismo que sucede con la justicia sucede con el resto de las virtudes. Pongamos un ejemplo sencillo: llamamos “pájaros” a ciertos animales que son muy diferentes entre sí; si los llamamos así será porque, a pesar de su diversidad, tienen algún rasgo común que los hace ser a todos ellos pájaros y no peces. Con la justicia el razonamiento es similar: si denominamos “justas” a determinadas acciones será porque en todas ellas encontramos algún rasgo que denominamos “justicia”. Debemos preguntarnos qué es la justicia para saber lo que hace que las cosas sean justas. Sócrates busca las edefiniciones, los conceptos, la significaciones comunes y objetivas.

4.3. INTELECTUALISMO MORAL

Sócrates prersigue definir los conceptos morales y definirlos con exactitud porque sólo sabiendo qué es la justicia se puede obrar justamente, sólo sabiendo qué es la bondad se puede obrar bien, sólo sabiendo qué es la valentía se puede ser valiente. A esta teoría ética que identifica virtud con saber se le denomina intelectualismo moral.

Acudamos a un ejemplo sencillo, como le gustaría a Sócrates,  para entender esta teoría:

1. Intentemos definir qué es un “arquitecto”: el que proyecta y construye edificios. Si intentamos mejorar la definición diremos que el que proyecta y construye bien los edificios. Cualquiera puede intentar proyectar y construir un edificio sin ser arquitecto, pero no lo hará bien. ¿Por qué razón el arquitecto construirá bien un edificio y cualquier otro no? Porque el arquitecto sabe, conoce las técnicas de edificación. Nosotros proyectaremos y edificaremos mal por ignorancia, sin querer, porque no sabemos o conocemos el arte y las técnicas de la arquitectura. Por lo tanto, el arquitecto hará bien un edificio porque sabe y nosotros lo haremos mal por ignorancia. Lo mismo puede aplicarse a la justicia o a cualquier otra virtud moral: sólo el que sepa qué es la justicia obrará justamente y realizará acciones justas. Cabe la posibilidad (remota) de que alguien que no sabe nada de arquitectura proyecte y edifique bien un edificio por pura casualidad; pero no le llamaríamos arquitecto. También puede pasar que alguien que no sepa que es la justicia, obre justamente por casualidad; pero no le llamaríamos justo tampoco.

Esta teoría conlleva una paradoja que Platón refleja en el Hipias Menor: el que obra mal voluntariamente es mejor que el que obra mal sin querer.  Puestos a hacer un edificio mal, con la intención de que se caiga, ¿quién lo hará mejor, el arquitecto o el ignorante? El ignorante haría mal el edificio sin querer pero el arquitecto lo haría mal voluntariamente, sabiendo hacerlo bien. Lo mismo sucede con la justicia: sólamente el justo puede actuar voluntariamente contra la justicia.

¿Ustedes conciben la posibilidad de que alguien, sabiendo hacer un edificio bien, lo haga mal voluntariamente? ¡Racionalmente, es inconcebible! ¿Y que alguien, sabiendo qué es la justicia, actúe injustamente? Sócrates no. Plenamente consciente de la paradoja que encierra esta teoría, Sócrates responde: nadie hace el mal a sabiendas. Sócrates considera imposible que nadie obre mal sabiendo que actúa mal (Recordad que era un buen tipo). Nadie obra mal voluntariamente, sólo por ignorancia.

Sócrates es la máxima expresión del intelectualismo moral griego, fundado en una concepción racionalista del ser humano que excluye factores irracionales. Todos los autores griegos son intelectualistas aunque no tan extremos, siéndolo menos Aristóteles que Platón.

5. EL MÉTODO SOCRÁTICO

Su enseñanza (aunque no enseñaba) se desarrolla a través del diálogo en dos momentos diferenciados:

1. IRONÍA. ¿Recordáis la frase “Sólo sé que no se nada”? Sócrates, que se declara ignorante, quiere aprender de quien sabe más que él y le pregunta. Las preguntas inocentes de Sócrates llevan a su interlocutor a contradicciones. El resultado: el que creía saber más que Sócrates también tiene que reconocer su ignorancia. Nadie aprende cuando cree que  sabe; por lo tanto, el punto de partida para el aprendizaje es reconocer nuestra propia ignorancia.

2. MAYÉUTICA. ¿Recordáis la profesión de su madre? De ella toma Sócrates la palabra. De la misma manera que una comadrona ayuda a dar a luz siendo ella estéril (entiéndase, no es ella la que tiene el hijo), Sócrates ayuda a dar a luz (pensamientos, conceptos) siendo él mismo estéril (ignorante). ¿Cómo es esto posible? Sócrates va preguntando a su interlocutor y lo va guiando en la búsqueda de la verdad, de la definición. No es él el que llega a la conclusión, sino su interlocutor. Podríamos decir que Sócrates no enseña una filosofía sino que enseña a pensar, a aprender. Por ejemplo, Sócrates interroga sobre qué es la belleza a su interlocutor y es éste el que da la definición y Sócrates le dice, generalmente acudiendo a ejemplos, dónde falla esa definición por lo que le pide otra … y así sucesivamente… hasta que encuentran la definición adecuada.

ACTIVIDADES

ACTIVIDAD Nº 1. E. M. Cioran es el autor de las siguientes frases. Es un filósofo de origen rumano del s. XX. En sus afirmaciones se observa su pesimismo pero también el relativismo y el escepticismo. ¿Sabrías localizarlos?

Yo soy diferente de todas mis sensaciones. No logro comprender cómo. No logro ni siquiera comprender quién las experimenta. Y por cierto; ¿quién es ese yo del comienzo de mi proposición?

Si no poseo el gusto del misterio es porque todo me parece inexplicable, o mejor dicho, porque lo inexplicable es mi único sustento y estoy harto de él.

Seamos razonables: nadie puede estar completamente de vuelta de todo. Y puesto que no existe una decepción universal, tampoco podría existir un conocimiento universal.

“El Espíritu Santo no es escéptico”, nos enseña Lutero.

No todo el mundo puede serlo, desgraciadamente …

Confiaba en poder asistir en vida a la desaparición de nuestra especie. Pero los dioses no me han sido favorables.

Nada me repugna tanto como la duda metódica. Dudar, de acuerdo, pero únicamente cuando me venga en gana.

Ser o no ser.

…Ni lo uno ni lo otro.

Vehemente por naturaleza, vacilante por opción.  ¿Hacia que lado inclinarse? ¿Por quién decidirse? ¿A que yo adherirse?

Lo maravilloso de esta vida es que cada día nos aporta una nueva razón de desaparecer

El escéptico quisiera sufrir, como los demás, por las quimeras que hacen vivir. No lo consigue: es un martir de la sensatez

 

Objeción contra la ciencia: este mundo no merece la pena ser conocido

Mi cosmogonía añade al caos original una infinidad de puntos suspensivos.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado

¿Por qué retirarnos, por qué abandonar la partida cuando nos quedan aún tantos seres a quienes decepcionar?

Refutación del suicidio: ¿no es inelegante abandonar un mundo que tan gustosamente se ha puesto al servicio de nuestra tristeza?

La Creación fue el primer acto de sabotaje

¿Por qué deponer las armas, por qué capitular, si aún no he vivido todas mis contradicciones, si conservo todavía la esperanza de un nuevo callejón sin salida?

He adquirido mis dudas penosamente; mis decepciones, como si me esperasen desde siempre, han llegado solas -iluminaciones primordiales.

ACTIVIDAD Nº2. En este texto encontrarás fragmentos de la Apología de Platón. En este diálogo se narra la defensa que realizó Sócrates ante las acusaciones que le condenaban a muerte. El texto fue escrito por Platón pero no hay razones para creer que no coincide básicamente con el discurso de Sócrates. Lee el texto y señala las características del pensamiento de Sócrates que identifiques en él. Por otra parte, como ya hemos visto a lo largo del tema, la muerte de Sócrates lo ha convertido en prototipo de honradez, “tuvo que elegir la muerte física para salvar su alma” dicen algunos.  Expresa tu opinión respecto a ello, de forma justificada: ¿fue valiente o estúpido?.

Lo que yo decía antes, a saber, que se ha producido gran enemistad hacia mí por parte de muchos, sabed bien que es verdad. Y es esto lo que me va a condenar, sime condena, no Meleto ni Ánito sino la calumnia y la envidia de muchos. Es lo que ya ha condenado a otros muchos hombres buenos y los seguirá condenando. No hay que esperar que se detenga en mí.

Quizá alguien diga: “¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?” A este yo, a su vez, le diría unas palabras justas: “No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesto de vivir o morir, sino el examinar sólamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo. (…)

Pues la verdad es lo que voy a decir, atenienses. En el puesto en que uno se coloca porque considera que es el mejor, o en el que es colocado por un superior, allí debe, según creo, permanecer y arriesgarse sin tener en cuenta ni la muerte ni cosa alguna, más que la deshonra. En efecto, atenienses, obraría yo indignamente, si, al asignarme un puesto los jefes que vosotros elegisteis para mandarme en Potidea, en Anfípolis y en Delion, decidí permanecer como otro cualquiera allí donde ellos me colocaron y corrí, entonces, el riesgo de morir, y en cambio ahora, al ordenarme el dios, según he creído y aceptado, que debo vivir filosofando y examinándome a mí mismo y a los demás, abandonara mi puesto por temor a la muerte o a cualquier otra cosa. Sería indigno y realmente alguien podría con justicia traerme ante el tribunal diciendo que no creo que hay dioses, por desobedecer al oráculo, temer la muerte y creerme sabio sin serlo. (…)

Sócrates. Museo Británico

“Yo, atenienses, os aprecio y os quiero, prero voy a obedecer al dios más que a vosotros y, mientras aliente y sea capaz, es seguro que no dejaré de filosofar, de exhortaros y de hacer manifestaciones al que de vosotros vaya encontrando, diciéndole lo que acostumbro: ´Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas  de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honories, y, en cambio no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va s ser lo mejor posible?´U si alguno de vosotros discute y dice que se preocupa, no pienso dejarlo al momento y marcharme, sino que le voy a interrogar, a examinar y a refutar, y, si  me parece que no ha adquirido la virtud y dice que sí, le reprocharé que tiene  en menos lo digno de más y tiene en mucho lo que vale poco. Haré esto con el que me encuentre, joven o viejo, forastero o ciudadano, y más con los ciudadanos por cuanto más próximos estáis a mí por origen. (…) En efecto, voy por todas partes sin hacer otra cosa que intentar persuadiros, a jóvenes y viejos, a no ocuparos ni de los cuerpos ni de los bienes antes que del alma ni con tanto afán, a fin de que ésta sea lo mejor posible, diciéndoos: <<No sale de las riquezas la virtud para los hombres, sino de la virtud, las riquezas y todos los otros bienes, tanto los privados como los públicos. Si corrompo a los jóvenes al decir tales palabras, éstas serían dañinas. Pero si alguien afirma que yo digo otras cosas no dice verdad. A esto yo añadiría: <<Atenienses, haced o no caso a Ánito, dejadme o no en libertad, en la idea de que no voy a hacer otra cosa, aunque hubiera de morir muchas veces>>.

Quizá alguno de vosotros se irrite, acordándose de sí mismo, si él, sometido a un juicio de menor importancia que éste, rogó y suplicó a los jueces con muchas lágrimas, trayendo a sus hijos para producir la mayor compasión posible y, también, a muchos de sus familiares y amigos, y, en cambio, yo no hago nada de eso, aunque corro el máximo peligro, según parece. (…) Aparte de la reputación, atenienses, tampoco me parece justo suplicar a los jueces y quedar absuelto por haber suplicado, sino que lo justo es informarlos y persuadirlos. Pues no está sentado el juez para conceder por favor lo justo, sino para juzgar; además, ha jurado no hacer favor a los que le parezca, sino juzgar con arreglo a las leyes.

2 comentarios to “TEMA 2. LOS SOFISTAS Y SÓCRATES”

  1. INGRID Says:

    ESTE ARTICULO ESTA MUY COMPLETO LE AGRADEZCO A LAS PERSONAS QUE QUISIERON COMPARTIR ESTA MATERIA.

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